miércoles, 30 de noviembre de 2016

Ser feliz, algo al alcance

    Siempre había tenido la idea de que ser feliz es imposible, que la felicidad para un ser medianamente inteligente, crítico y sensible es algo fuera de su alcance, salvo, periodos muy cortos en el tiempo en los que por las circunstancias nos vemos como desbordados de dicha, sublimados. Así que, me resigné a no ser feliz. Ahora descubro que puedo serlo cuando me lo proponga, incluso descubro que sí lo soy. 

He pasado por momentos muy complicados, difíciles, que me han hecho sufrir, pero crecer. He encontrado el  lugar dentro de mí, para mirar con perspectiva y quedarme, recuperando mi yo, siendo más fuerte, amándolo como merece, como siempre debí hacerlo. Estoy en una etapa de tránsito, intentando asentarme en una nueva vida.
En estos meses he aprendido mucho y he  descubierto que ser feliz es una manera de ser, y que la actitud es el origen y la solución de la mayoría nuestros quebrantos.

Parece obvio que, si sonreímos al de enfrente, cuando se trata de estar delante de un espejo. Ver lo que hay y quererlo, comenzaremos el día de otra manera, más asertiva, y empatizando. 
¿Qué hay más importante que tú, la persona esencial de tu vida?, ¿qué hay más importante  que tu bienestar, que sentirte capaz de afrontar el día con ganas de comerte el mundo?
No vamos a ser unos ilusos, porque los problemas existen, pero con la actitud adecuada podremos solucionarlos, hallar la manera, sin que se nos nuble el entendimiento por la ofuscación de la negatividad. Tendremos la mente abierta para percibir lo más adecuado en cada situación, tomando las decisiones precisas, eligiendo la mejor compañía, el mejor consejo, el mejor trabajo...
Es más agradable cruzarnos por la calle con gente que sonríe, que levanta la cabeza y mira sin resentimiento, confiando en la vida. Es más placentero caminar y observar con alegría lo que sucede a nuestro lado, en vez de ir con la cabeza baja, con el cerebro sometido a la tensión constante de la batidora mezclando pensamientos: listas de la compra, suspensos de los hijos, enfermedades, desencuentros...  

No estamos educados para vivir un presente consciente en el que disfrutar. No estamos preparados para lanzarnos a la dicha sin sentir culpa.

Estoy aprendiendo. Tengo toda mi vida para hacerlo, no tengo prisa y, cada día observo algún avance importante. Voy a lograrlo.

  


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