jueves, 26 de septiembre de 2013

El mal anida en la normalidad

Cómo una persona que tiene una vida ordenada, que se conduce por su realidad de forma afable como reconicid@ ciudadan@, se convierte en asesin@ y no de cualquiera, sino de su hija. Me espanta, pero no sólo por el hecho en sí, sino por lo frágil que es la línea que separa el bien del mal, llegando al punto de dudar si yo misma, amantísima madre, que disfruto tanto de mi estatus de madre, que vivo por mi hija, sería capaz de algo como supuestamente han perpetrado los padres de Asunta Basterra Porto. 
El móvil podría ser económico, según la investigación, ya que parece que la niña era la heredera universal de los abuelos maternos fallecidos de forma repentina, hace apenas dos años. Si la ecomomía familiar era desahogada, dado que los padres son profesionales reputados, opino que es débil este supuesto. Quizá estemos ante un caso salvando las distancias, como el de Hildegard hace ochenta años, muerta a manos de su madre Aurora  Rodríguez, una  feminista que pretendía cambiar el papel de la mujer en la sociedad a través de su hija. La tuvo de soltera y se aseguró de que el padre no pudiera reclamarla, ya que fue concebida por un sacerdote. Aurora la educó con tal esmero, dedicación y obsesion, que la niña se convirtió en una erudita en varias materias. Era tal la chifladura de Aurora que llegó a creer en una conspiración internacional para secuestrar a Hildegard. Por lo que, una noche mientas dormia le disparo varios tiros . Así nadie podría destruir su obra.

Qué habrá sucedido con Asunta?

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