jueves, 10 de febrero de 2011

Clementina la dañina

El título de esta entrada tiene nombre propio. Clementina se llama la persona que durante tiempo y sin yo saberlo, ha estado perjudicandome y no sólo a mí, sino a mi niña.
Espero no aburriros, pero he de contarlo bien, y para ello tengo que remontarme diez años atrás.
Conocí a esta señora, cuando las dos acudíamos a las clases de preparación al parto. Hicimos cierta "amistad" y cuando nacieron nuestros retoños, como vivíamos cerca, era habitual que coincidiéramos casi a diario. Ella tenía otro niño que apenas había comenzado a andar y yo intentaba comprender sus cambios de humor y algunos de sus desaires, porque me parecía apurada y sobrepasada con sus tareas de madre.
Durante los primeros años  nuestros encuentros eran agradables. Cuando su niño mayor comenzó el colegio, le preguntábamos y nos interesábamos por saber cómo le iba. Fueron bastante relevantes sus comentarios y opiniones para que nos decidiéramos. Y así, fue como los dos, su niño menor y mi niña, se convirtieron en compañeros de clase.

En cuanto comenzó el curso, empecé a notar su distanciamiento, me evitaba cuando    la miraba, en un intento por intercambiar impresiones. Algo que me desconcertaba. Yo nunca busque ni esperé su amistad, pero ese cambio...
A los pocos meses de no enterder nada, que, incluso si nos encóntrábamos por la calle,  su marido nos saludaba atento, como lo hace hoy,  y ella nada. Dejé por imposible mi empeño y comprensión hacia lo que para mí, tenía que tener un origen que se me escapaba y escapa.

Han pasado varios años. Los niños ya están en cuarto de primaria. Su hijo es el peor compañero que se pueda tener, falta al respeto al profesor, le corrige, se niega a compartir mesa y juegos con otros niños, es grosero, intolerante... Vamos una joya.  Hace y deshace a su antojo y nadie es capaz de ponerle freno. Su prepotencia al estar por encima de la media en lo que al nivel académico se refiere, es para los profesores una tortura. Dicho por el propio profesor en una tutoría, sincerándose conmigo, en su desesperación. 

Como Clementina, "la madre", no me volvió a dirigir la palabra. Durante estos años, he observado comportamientos,  situaciones desagradables provocadas por sus retoños y he evitado cualquier roce o enfrentamiento. Además de procurar inculcarle a mi niña, que se mantuviera lo más alejada de su hijo.

El viernes pasado al salir del cole, mi niña me comenta que ha habído un problema en clase, que está enfadada, porque estaban hablando del acoso, y de repente como un escopetín, O (el niño en cuestión) dijo, que la madre de A, o sea yo; desde hacía tiempo le llamaba a él "cerebrito" y a C (otra compañera) "coletas". Mi hija inmediatamente dijo que eso era mentira. El profesor no sé si hizo algo...
Imaginaos como me sentí al oír semejante calumnia. Traté de distanciarme y no darle mayor importancia, pero justo delante aparecieron la mamá y la niña a la que se suponía que yo llamaba "coletas". Al comentarle lo ocurrido y desmentir su hija el asunto. Quedó reducido a un mal entendio y nada más. 

Como ya he dicho en otras ocasiones, no soy persona que deje cabos sueltos y la oportunidad se presentó en la tarde de ayer, cuando iba a buscar a baile a mi niña. Yo que estaba tan contenta pensando en la fiesta de mi cumple, en lo bien que nos lo íbamos a pasar, pero claro... De morros me encuentro en la calle al salir de mi casa con la mamá y el niño. A pesar de que hace como seis años que no cruzamos palabra, me atreví a saludarles y a abordar lo ocurrido días anteriores. Pregunté al niño, el porqué de su comentario. Su madre apenas le dejó responder, y aquí llegó mi espanto. Me dice la "dañina": Que en segundo, o sea, hace dos años, puse mote a todos los niños de la clase y era mi niña la que se dedicaba a proclamarlo. No pude rebatirle, me dejó con la palabra en la boca, se giró diciendo: -tengo mucha prisa... A lo que yo sin poderlo evitar, contesté: -ahora sé a quién se parece tu hijo. Ella como no podía ser de otra manera, se alejaba diciendo que a su madre y a mucha honra.

Esto ha sido todo de momento.  Ahora está bastante claro, que, por  motivos que desconozco, esta persona me odia y ha visto por ahí la manera de hacerme daño. Me doy cuenta, de que los cambios que en estos años he ido observando en otros padres, pueden estar relacionados con esto que os he contado.
Y yo, sin poderme defender, en la inopia.

¿Os pido consejo, qué se puede hacer ante esto?

Gracias y perdonadme si he medito mucho rollo.




3 comentarios:

arena dijo...

Lo que podías hacer ya lo hiciste, hablaste con la madre en cuestión y su hijo; creo que es mejor dejar las cosas como están, esa mujer no va a atender a razones y en un futuro su hijo puede perjudicar a tu hija de muchas formas. Mantén la distancia y si siguiera en su empeño de malmeter ponerlo todo en conocimiento del tutor de tu hija para que esté en sobre aviso

un abrazo

mjromero (alfaro) dijo...

Pasar, Begoña, pasar.
Norma nº1, a no ser algo muy grave, que los niños resulevan solos sus problemas, son cosas de niños y suelen pasr sin intervención d elos padres.
Norma nº 2, no te enfrentes con ningún padre por algo que pasa en el cole, mejor que medie el profe, ya que los hechos suceden en su terreno.
Norma nº 3, los padres no deberían enfaderse enttre ellos por las niñerías de sus hijos.

Si yo te contara, mi hijo fue (y aun sigue) un niño hiperactivo..., no sabes los problemas que dan en el aula, en los recreos... horrible..., he tenido mucha suerte casi, y recalco el casi, siempre con los profesores y con los padres pero te meten en cada lío...
Con estas 3 normas que he aplicado siempre a rajatabla todos:padres y abuelas, profes y niños, hemos salido airosos y con buena armonía de situaciones difíciles.
Suerte.

Anónimo dijo...

"Cerebrito" y "coletas" me parecen unas palabras inofensivas, si me apuras, apelativos cariñosos.
Tonterias de aula y de patio que resuelven ellos solitos antes o después. Refrán: "No hay mayor desprecio que no hacer aprecio".