lunes, 10 de enero de 2011

DE CUANDO ESCRIBO POCO...

 
Me he pasado largas temporadas sin apenas escribir, he estado en barbecho. Pero luego, cuando apenas era abonada me ponía sin descanso, y como una náufraga me aferraba a mi tabla en el mar. Un mar hermoso, para mí el más hermoso. El océano de las palabras, de las conocidas, tratadas, e incluso maltratadas y de las por descubrir e incluso inventar. Soy osada escribidora, devota lectora de muchos, crítica de pocos y asombrada de algunos que me vuelven loca. Soy consciente, de las  veces que provoco encuentros aparentemente fortuitos con otros, que son más osados que yo, en mi afán por aprender, por empaparme de los que estoy convencida que saben más que yo. Los blogs son  una fuente de inspiración continua, desde un sitio vas a otro, un inesperado descubrimiento que te hace preguntarle al amigo Google por tal o cual escritor, por tal o cual creador... Y no suele ser en vano el tiempo que se emplea, pues si de primeras no resulta fructífero, si no se baja la guardia el elemento deseado aparece, y esa obra o ese autor que te esperaba desde siempre, se rinde de forma generosa ante ti. Desde que descubrí este universo, me siento acompañada y parte de un mundo que siempre he sentido que era mío.
Leer es fundamental para cualquiera, o debería serlo. Cuando estás inmerso en una historia te conviertes en el/la protagonista. A veces, como sucede con la poesía, las sensaciones, las emociones, las imágenes, nos llevan a cada uno a un lugar diferente. Hace que busques dentro, en lo más recóndito de tu ser...
Cuántas veces me han preguntado por alguno de mis poemas; por el significado de tal o cual verso, por la intención de un adjetivo, de un sustantivo... Y qué sorpresas me he llevado, porque claro, yo lo escribo sí, pero, deja de ser mío en exclusiva cuando alguien lo lee, lo asimila, lo hace suyo. Y ese poema que salió de mí, de lo más profundo, de mis tripas... Crece en los sueños de otr@, mi voz entonces es la voz de otro@ . Es emocionante descubrir esto, sigo sintiendo el mismo nerviosismo, la misma gratitud y me sigo conmoviendo de la respuesta de mis lectores como el primer día, y eso creo que es muy bueno.
Cuando ocurre que escribo poco, me siento culpable y aunque si es así, es por algo, sobre todo porque el tiempo de recogimiento que necesito no es bueno, porque mi vida está tan rebosante de acontecimientos que he de digerir, porque vivir duele. Y para escribir con un poco de coherencia y calidad hay que distanciarse del dolor.

Os contaré algo: Hace años cuando atravesaba un cataclismo emocional de los más importantes de mi vida, mi mejor amiga Lola, me preguntó, que  por qué no escribía. Entonces le contesté que todo estaba ahí, macerando, esperando el momento y que cuando me pusiera a ello  saldría y no lo podría detener. Supe de ese momento cuando comencé a trastear de nuevo con el ordenador, un electrodoméstico al que apenas hacía caso. Apareció el primer blog literario "Perdóname pero te amo" de David González. Ese hallazgo puede decirse que fue el detonante, el resto ya lo sabéis, aquí estoy para lo que se tercie.
Gracias.



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