lunes, 6 de diciembre de 2010

Del libro de Ana Patricia Moya " Cuentos de la carne" :UN HOMBRE BAJITO CON BIGOTE Y TRAJE DE CORBATA


- ¡Todos los maricones y las bolleras tenéis que estar en el paredón! ¡Sois la vergüenza del país!
Aquel hombre bajito con bigote, vestido con traje de chaqueta y corbata, hacía gala de su rancia mentalidad frente al desfile del orgullo gay de la ciudad. Formaba parte del rebaño de simpatizantes del grupo político derechista. De su boca y de la de sus compañeros sólo salían improperios. De la intolerancia a la falta de respeto.
- ¡Degenerados! ¡Pervertidos! ¡Ojalá os queméis vivos en el infierno! – gritaban los más recatados.
- ¡Cabrones, hijos de la gran puta! – gritaba el ala radical.
Tres horas después, concluyó todo. El hombre bajito del bigote, satisfecho por haber mostrado a la sociedad que existen ideologías puras y verdaderas, se montó en su Mercedes y condujo hasta su chalet, ubicado en una de las zonas residenciales más lujosas de la capital. Al llegar, leyó la nota que le dejó su mujer: estaba en casa de los suegros, junto a sus hijos, que regresarían mañana por la tarde. Estaba solo. Calentó el plato que le había preparado su esposa en el microondas y cuando terminó, se encerró en su habitación. Llamó por teléfono a su amante.
- Te necesito – susurraba el hombre del bigote en el auricular.
- ¿Y tu mujer?
- No está. Ven. Ven, por favor.
En media hora, otro coche aparcó cerca del enorme Mercedes del hombre del bigote. La esperada visita tenía las llaves de la casa: entró y, sigilosamente, subió las escaleras hasta llegar a la habitación, lugar donde le esperaba el dueño. Abrió la puerta: allí estaba, acostado en la cama, con un minúsculo tanga puesto.
- Ya era hora, amor.
Su amante dejó caer el abrigo de cuero negro, dejando al descubierto su desnudez. Y su polla estaba enorme. Era enorme. La visión de aquel atributo masculino erecto excitó al hombre bajito del bigote, que sacó del cajón de la mesita de noche el bote de vaselina y se colocó en su postura favorita: la del perrito.
- No puedo esperar más, amor – dijo, ansioso por sentir aquella maravilla de superdotado dentro de su cuerpo orondo y peludo.
- Lo que tú digas, cariño.
La noche acabó con sábanas manchadas de semen, arañazos, jadeos y gritos descontrolados. El amante tuvo que marcharse temprano porque el hombre bajito y del bigote tenía cita por la mañana con los miembros de la agrupación conservadora "Pro - derechos de la familia".

1 comentario:

Jorge Ampuero dijo...

Interesante autora, gracias por darla a conocer por tu espacio. Regresaré.

Saludos...