miércoles, 17 de noviembre de 2010

RECORDANDO CUBA BY PEPE PEREZA. Relato extraído de su libro " Putas" ediciones Groenlandia

Retrato imaginario de Pepe Pereza, obra de Velpister

Ella estaba acostumbrada al clima tropical. Hasta que llegó a Madrid vivió su corta vida en un barrio cochambroso de La Habana Vieja. Había cambiado el Malecón por La Casa de Campo, pero su trabajo seguía siendo el mismo: allí jinetera, aquí puta. Eran las dos de la madrugada de una gélida noche de diciembre. Ella, al igual que las otras, se congelaba a la espera de algún cliente. Su corta falda y su minúsculo sujetador eran un pobre refugio para protegerse del intenso frío, pero había que aguantar: La competencia era grande y debía dos meses en la pensión en la que dormía.
Sus compañeras, por llamarlas de algún modo, estaban situadas a lo largo de la carretera, separadas por unos metros. La mayoría eran latinoamericanas que exhibían sus cuerpos casi desnudos a los conductores que pasaban, haciendo caso omiso de los cuatro grados bajo cero que marcaban los termómetros, con la esperanza de que uno de ellos parase el coche a su lado. No podía dejar de tiritar, sus pies eran un bloque de hielo, el moreno de su piel se había teñido de un azul verdoso que recordaba la piel de los cadáveres y el vaho salía de su boca agrietando sus labios pintados de rojo sangre. No hacía ni una semana que un bestia, después de sodomizarla, le pegó una soberana paliza que la hizo guardar cama dos días. Tuvo que curarse ella sola sin acudir a un hospital porque le dio miedo presentarse allí sin tener los papeles en regla. Temía ser expulsada de un país que la trataba con desprecio y asco,
La navidad estaba al caer, la ciudad ya había sido vestida para la ocasión y en esos días los posibles clientes se quedaban en sus casas con sus familiares. Eran malas fechas para prostituirse, pero ¿qué podía hacer sino seguir esperando? No estaba allí por diversión, todo lo contrario: la necesidad la había clavado al borde de la carretera de La Casa de Campo.
La cercanía de la navidad trajo a su cabeza el recuerdo de sus familiares: el olor a tabaco de su padre, los sabios consejos de su madre y los tiernos abrazos de su hija de tres años. Los sentía tan lejos que era como si no existieran, el recuerdo de sus caras era más difuso según pasaban los meses. Arrastraba su infierno añorando el calor de Cuba, las sesiones de salsa en La Casa de la Música, las mañanas de domingo en el Callejón de Hamel con sus fiestas afrocubanas en medio de los coloridos murales de Salvador, las fachadas ajadas con sus ventanas y puertas abiertas a las miradas curiosas de los turistas tontos, los sones de miel de Compay Segundo, las abuelas sentadas en el porche fumando sus grandes puros, los viejos Chevrolets pasados de millas y aparcados en las aceras, las olas saltando por encima de los vehículos en el Malecón, los helados de la calle 25 donde se rodó la película "Fresa y Chocolate, las noches tropicales de ron y mojitos, y sobre todo su niña... Si tuviera a su hija a su lado todo sería más
Los faros lejanos de un coche pusieron en guardia a las putas. Todas se despojaron de sus chaquetas de lana y mostraron sus cuerpos de carne de gallina. El coche paró a su lado, estaba de suerte. Ella forzó su mejor sonrisa a la vez que sacaba sus senos del sujetador de encaje y los mostraba al conductor. Éste, sin bajar el cristal de la ventanilla la miró de arriba abajo como quien examina un solomillo en la carnicería del barrio. Cuando hubo pasado el examen, abrió la ventanilla y regatearon un precio. Ella montó en el coche y se dispuso a hacer su trabajo.

2 comentarios:

jose antonio rodriguez dijo...

que dura es la vida. para algunas personas que nosotros vemos al otro lado del cristal y de la calefacionn que nos superaba por pocos cetimetros. la vida no es justa joder

pepe pereza dijo...

Sigo diciendo que eres un sol.
besazo enorme