lunes, 12 de abril de 2010

DÍA INTERNACIONAL DEL LIBRO INFANTIL

Ilustración de: Adriana Rodríguez  para: "En cada rincón crece un cuento"
Hace unos días fue el cumpleaños de Hans Christian Andersen, el autor de tantos cuentos, que nos acompañaron cuando niños y que ahora disfrutamos leyendo a nuestros hijos...
Hoy es el día en el que se celebra, ha habido que cambiarlo por que coincidió con la Semana Santa, pero creo que a él le dará lo mismo. Siempre que sus cuentos se sigan leyendo, siempre que haya un niño que juegue a ser un personaje, siempre que un padre, una madre, un abuel@, o cualquier adulto que amoroso y entregado, le lea a su pequeñ@ el patito feo, el soldatito de plomo, la reina de las nieves... Los personajes de nuevo nacerán para ese nuevo escuchante, que luego se hará lector y así perpetue la magia, como hemos hecho tantos...

Este año el manifiesto para su lectura en todos los rincones del planeta lo ha escrito Eliacer Cansino. Esta tarde tendré el honor de leerlo además del cuento que con mi niña he escrito e ilustrado, para la celebración que tendrá lugar en la biblioteca pública de Zamora. Estáis todos invitados. Con él os dejo: 

UN LIBRO TE ESPERA, BÚSCALO!

  Había una vez un barquito chiquitito,
que no sabía,
que no podía,
navegar.

Pasaron un, dos, tres,
cuatro, cinco, seis  semanas, 
y aquel barquito
y aquel barquito
navegó.

Se aprende a jugar antes que a leer. Y a cantar. Los niños de mi tierra entonábamos esta canción cuando aún ninguno sabíamos leer. Nos juntábamos en corro en la calle y, disputándonos las voces con los grillos del verano, cantábamos una y otra vez la impotencia del barquito que no sabía navegar.
A veces fabricábamos barquitos de papel y los poníamos en los charcos y los barquitos se hundían sin conseguir alcanzar ninguna costa.
Yo también era un barco pequeño fondeado en las calles de mi barrio. Pasaba las tardes en una azotea mirando ocultarse el sol por el poniente y barruntaba a lo lejos -no sabía aún si a lo lejos del espacio o la lo lejos del corazón- un mundo maravilloso que se extendía más allá de donde alcanzaba mi vista.
Detrás de unas cajas, en un armario de mi casa, también había un libro chiquito que no podía navegar porque nadie lo leía. Cuántas veces pasé por su vera sin darme cuenta de su existencia. El barco de papel, atascado en el barro; el libro solitario, oculto en el estante tras las cajas de cartón.
Un día, mi mano, buscando algo, tocó el lomo del libro. Si yo fuese libro lo contaría así: “Un día la mano de un niño rozó mi cubierta y yo sentí que desplegaba mis velas y comenzaba a navegar”.
¡Qué sorpresa cuando por fin mis ojos tuvieron enfrente aquel objeto! Era un pequeño libro de pastas rojas y filigranas doradas. Lo abrí expectante como quién encuentra un pequeño cofre y ansía saber su contenido. Y no fue para menos. Nada más empezar a leer comprendí que la aventura estaba servida: la valentía del protagonista, los personajes bondadosos, los malvados, las ilustraciones con frases a pie de página que miraba una y otra vez, el peligro, las sorpresas..., todo, me transportó a un mundo apasionante y desconocido.
De esta manera descubrí que más allá de mi casa había un río, y que tras el río había un mar y que en el mar, esperando zarpar, había un barco. El primero al que subí se llamaba la Hispaniola, pero lo mismo hubiese dado que se llamase Nautilus, Rocinante, la nave de Simbad, la barcaza de Huckelberry...; todos ellos, por más que pase el tiempo, estarán siempre a la espera de que los ojos de un niño desplieguen sus velas y lo hagan zarpar.
Así que... no esperes más, alarga tu mano, toma un libro, ábrelo, lee: descubrirás, igual que en la canción de mi infancia, que no hay barco, por pequeño que sea, que en poco tiempo no aprenda a navegar.

3 comentarios:

Angel dijo...

me alegro por ti y por tu niña bego, un abrazo, angel. voltios.

Calipso dijo...

Otra vez estoy por aqui, deleitandome con la ilustracion preciosa de tu niña, y con tus letras estupendas.

Gracias por regalarnos cada dia un pedacito de ti.

Un abrazo grande

Anónimo dijo...

Enhorabueba a las dos,
y con lo bien que lees...
que maravilla sería oír.
mjr