sábado, 24 de abril de 2010

Castilla y León, celebró su día y yo tuve que sufrir las consecuencias...

Ayer fue el día de la Comunidad, el día en que se intenta recuperar el espíritu comunero. Mi intención era pasar un rato en la Campa de Villalar de los Comuneros en la provincia de Valladolid que es donde se celebran todos los actos que conmemoran día tan señalado. Se representa teatralmente la suerte que corrieron nuestros heroes comunenos y los escenarios montados para el evento dan paso a los artistas que con su música hacen las delicias de los lugareños y de los visitantes que se acercan, también los danzantes ataviados con los trajes regionales deleitan al personal. No hay que olvidar la repercusión de los actos políticos que resultan reiterativos y que aburren a las ovejas que ese día brillan por su ausencia...
Desde primera hora de la mañana, puestos dedicados a las más variadas lisonjas se disponen a hacer caja y aprovechar la bonanza, aunque sólo sea un día al año en este lugar.
Mi intención como os digo era acercarme con la familia y disfrutar lo que hubiera que disfrutar. Pero como una cosa es lo que pienso y otra lo que piensan los demás... No fuimos.
Ir al campo, a un lugar que frecuentamos no muy lejos de la cuidad, parecía la mejor opción y a eso de las seis de la tarde cogimos los bártulos y ala...

Mis padres también formaban parte de la trup. Nada más llegar aparecieron unos conocidos suyos, que poseen unas fincas con una edificación creo que modesta, justo al lado de donde habíamos aparcado el coche. Sin comerlo ni beberlo me vi como de costumbre atrapada por mi madre que sin arte ni parte decidió que ir con ellos para que nos enseñaran sus dominios tenía que ser de mi total agrado y aprobación, cuando yo, sólo quería relajarme dar un paseo, y poco más...  Cuando dije que no a la invitación de mi madre, no de la anfitriona, lo hice educadamente, pidiendo disculpas y manifestando que necesitaba despejarme y que me quedaba leyendo y escuchando música. En ese momento nadie de los presentes insistió ni mostró la más mínima contrariedad ante mi decisión. Pero como es habitual, yo me esperaba lo que sucedió, dos horas más tarde.
...Y es que mi mamá querida no se ha percatado de que tomo mis decisiones, de que asumo las consecuencias de mis actos y que a estas alturas de la película, porque ella quiera aguantar a unas personas que a mí no me van a aportar nada y que más bien me van a hacer perder el tiempo, es problema mío. Porque yo hago lo que quiero, aunque tenga que soportar que me lo eche en cara toda la vida. Y es que amigos, cómo soy de mala hija, de mala madre, porque con estos ejemplos, cómo soy.

Ni más ni  menos, que yo misma, desde que me levanto hasta que me acuesto, le pese a quien le pese.

Muchas gracias por aguantar mi pataleo, pero tenía que desahogarme.

3 comentarios:

alfaro dijo...

Pues estos pataleos me suenan...
es cosa de ir en trupe...
luego visto de lejos y contado así como lo haces hasta resulta gracioso, a mí me hubieran continuado la peli con las indirectas de turno.
Un abrazo.

Jose Zúñiga dijo...

Cómo te entiendo, Bego. Paciencia.

josechu dijo...

Paciencia amiga ya sabes lo que hay pero esta muy bien desaogarse.
sigue siendo quien heres