sábado, 6 de marzo de 2010

SI HABLAMOS DE LO VULGAR...

El origen etimológico:
Vulgar; perteneciente al vulgo, al pueblo llano.
Di-vulgar; intentar que algo sea conocido por el mayor número posible de personas.

La ordinariez o mal gusto, la ausencia de modales o de elegancia. Algo que es muy de nuestro tiempo, ya en la antigüedad era motivo de estudio y aunque salvando las distancias, tiene mucha relación con lo que Teofrasto (372 a.C. Sucesor de Aristóteles en la escuela Peripatética, destacado estudioso de la ciencia y reconocido por sus tratados de botánica) que en la obra "Los caracteres" plasmó un breve, vigoroso y mordaz boceto de los tipos morales. Nos deja patente que la rusticidad  es "la ignorancia carente de modales".

Estamos habituados a observar y a sufrir a través principalmente de la televisión,  la vulgaridad tanto en su expresión verbal como no verbal. Con el pensar, pero también con el hacer. Según Teofrasto, cuando alguien es vulgar lo es en todo. Y lo es definitivamente porque no sabe que lo es, o sea, que es tarea casi imposible ponerle remedio.
La vulgaridad  por tanto, nace de la ignorancia, el desconocimiento de ser vulgar, llegando hasta el extremo incluso, de verse en ocasiones  a si mism@, como alguien excels@ y refinad@. Sobre todo cuando se tienen bufones alrededor preocupados exclusivamente de las audiencias, que aplauden y vitorean estos comportamientos deplorables, que sólo contribuyen a que el mal gusto se generalice.
Mostrar personas que saben estar,  educadas, atentas, cordiales, respetuosas con sus semejantes y con una preparación, no es rentable.

Cuando se conjugan; vulgaridad, ordinariez, grosería. El resultado puede ser "la mala educación". Aunque independientemente una persona vulgar, no tiene por qué ser  maleducada, porque la vulgaridad no es un asunto ético sino estético.
Nadie nace vulgar,  pero cultivar lo vulgar, cultivar lo que nos regalan estos patrones que influyen sobre todo, en gente que no se atreve a mirar un poco más allá o en los que por su escasa preparación, luces o edad,  simplemente se quedan enganchados a la pantalla, para ver  personas que  se enfrentan, que se despellejan... Que aluden a familiares, a los que les quieren dicen, y que por ellos "matan", que salpican de mierda a todo el que se acerque, que pase por allí. Contribuye de manera nefasta a que miremos donde miremos, no encontremos en lo vulgar; lo llano, lo del pueblo, sino lo soez, barriobajero y falto de modales.
Desgraciadamente muchas personas pasan las mañanas, las tardes, las noches, sin ningún objetivo lúdico más cerca.  Sin acudir a un museo, a un teatro, sin acariciar un libro entre sus manos, sin ninguna experiencia algo próxima a la cultura, sin ninguna conversación medianamente interesante...

Porque hemos pasado del patio de vecinos a la pantalla, con solo pulsar un botoncito del mando a distancia. Acomodados en el sofá, millones de espectadores  disfrutan a la vez del espectáculo, pero padecen de manera individual, una existencia hueca.

 "Hay un vulgo en todas partes" que decía Graciano  refiriéndose a la corte Corintia.  Cualquier necedad es vulgar y la necedad es igual a bobería.

Seamos críticos no bobos.

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