sábado, 26 de septiembre de 2009

A SOLAS CON UNO MISMO DE OSVALDO ARDIZZONE



En realidad llamado Osvaldo Bramante, argentino, periodista deportivo, pero poeta. Que siempre retrató "al hombre corriente". Dedicado a mi amiga Elsie que me da aconocer autores tan interesantes, gracias.

Cuando hayas perdido la sinceridad,
cuando te vuelvas convencional
y claudiques hasta tus más queridas convicciones.
Cuando te elabores los argumentos
para justificar tus miserias
y además las justifiques…
Cuando sacrifiques la amistad por el poder,
cuando festejes el humor de los mediocres
como la pobre coopera lo hace con sus clientes.
Cuando te acostumbres a juzgar a los demás
por la calidad de la ropa que visten…
Cuando mires concupiscencia la mujer del amigo
que te tiende la mesa, el techo y hasta el lecho.
Cuando juzgues despreciativamente a un borracho,
cuando te erijas en juez
inflexible de una prostituta.
Cuando te sientas respetuoso de la Ley
nada más que por que pagas tus impuestos al día…
Cuando te inclines por lo que te conviene
y no por lo que realmente sientas.
Cuando después de tres días consecutivos
adviertas que ni una sola vez levantaste los ojos al cielo.
Cuando digas con la voz impostada del aforista
que deben existir los pobres y los ricos,
los trepadores y los fracasados,
los dirigentes y los dirigidos
y agregues por la misma impostada presuntuosidad
que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen.
Cuando te refieras a la gente
y no te sientas incluido en ella.
Cuando pronuncies por primera vez
la palabra negro con asco,
cuando te sientas ufano y orgulloso de ser blanco,
cuando llegues a gerente
y además te sientas gerente,
cuando a fuerza de proclamar tu desprejuicio
desemboques sin escrúpulos en el crimen.
Cuando uses tus tarjetas en los velorios
para que nadie dude tu puntualidad…
Cuando entones canciones protesta
porque está de gran moda cantarlas.
Cuando tus más queridos sueños literarios,
cuando la fresca espontaneidad de tu primer soneto
desemboca en la prosa gris y ardid de un memorando ejecutivo.
Cuando asistas sin inmutarte a un desalojo.
cuando porclames ante tus hijos tu brillante carrera de triunfador.
Cuando dejes de concurrir a los parques.
Cuando dejes de mirarle a los ojos a las muchachas.
Cuando ya no te quede la posibilidad de un asombro,
ni un resto de candor ni un lágrima para una pena
ni el estremecimiento de un hermano
ni el valor para juzgarte en un gesto.
Cuando pierdas la facultad de arrepentimiento,
cuando seas incapaz de perdonar.
Cuando te sientas vacío para querer.
Cuando maquines por primera vez...
Entonces ¿de qué servirá el poder?
¿de qué el dinero?
¿de qué las frases huecas, de qué tu vida?
Porque entonces con sólo mirarte al espejo
comprobarías que te has transformado en lo que se dice comunmente
¡una mierda!

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