Después de esta bucólica instantánea del enamorado de mi hija, el cielo amenazante, nos premió, jejeje, de tal manera, que por mucha prisa que nos dimos, llegamos caladas, pero cuando digo caladas es chorreando, nos tuvimos que quitar la ropa en el coche, y gracias al resto de la familia, más precavidos que nosotras, que nos dejaron algo que ponernos, conseguimos llegar a casa. Reconozco que me asusté, es que no llovía, jarreaba... Mi preocupación era salir de allí con el coche, pues el camino se estaba convirtiendo en un río que empezaba a bajar con barro, furia y velocidad...
Al fin en casa a salvo, nos dimos una ducha, calentita y juntitas, compartiendo esa íntima sensación piel con piel tan agradable y amorosa, madre/hija...
Consciente de que no me quedan muchas ocasiones como ésta, me sentí tan feliz... Bueno seguro que me entendéis, sobran las palabras...
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