martes, 24 de febrero de 2009

CARNAVAL


En estos días de Carnaval, las calles se llenan de color, unas más que otras, la ciudad en la que vivo es de las de menos. Durante el día se centra el ambiente en la carpa instalada en la Plaza Mayor, donde una chiquillería ataviada de las más variadas vestimentas, disfrutan de espectáculos destinados a ellos. Algunos son unos bodrios que los pobrecitos soportan estoicamente, otros como el que he presenciado esta mañana, con un nivel más que aceptable. Mi niña entusiasmada, se ha involucrado desde el minuto cero y lo ha disfrutado a tope. Yo también, viendo como participaba del espectáculo, dejándose llevar.

Mi generación, se educó con la idea de que el Carnaval era algo exótico, que no se movía de Brasil y en España de Canarias, de Cadiz, poco más, No lo hemos mamado, sin embargo, si yo a mi niña le digo que no hay disfraz, que no hay maquillaje, le da algo y aunque a mi me cuesta un gran esfuerzo meterme en situación, lo hago. Hay una excepción, el día del entierro de la sardina, ese día es especial, lo esperamos todo el año, aquí se hace el miércoles. Las tres generaciones, abuela, hija y nieta, de luto riguroso, ataviadas con antifaces, sombreros, velos, con lo más estrafalario que pillamos en el armario, desfilamos con la comitiva. Es lo mejor del carnaval; por el casco antiguo del la cuidad, acompañamos a la sardinilla que se nos va, llorando con lamentos estridentes, que nos dejan la garganta destrozada. Disfrutamos de lo lindo las tres, lloramos de mentira, nos reímos de verdad, nos cansamos, pero qué felices, sobre todo mi madre y yo, sabiendo lo importantes que son estos momentos y contemplando a nuestro tesoro como se lo pasa en grande.
Soy consciente, de que no es mucho el tiempo que me queda de disfrutarlo a su lado, por lo menos de esta manera, llevándola de la mano. Pronto llegará el día en que me diga: -Mami me voy con mis amigos, con mi pandilla, si es que lo llaman así. Ese día echaré de menos estos, en los que corríamos entre la multitud, haciendo hueco para situarnos en el mejor lugar de la carpa, donde no perder detalle y después vigilante apartándome para no interferir; me aburría, me hartaba, hablaba con alguien por hablar y esperaba paciente a que la sonrisa de mi hija y su mirada me dijesen que había merecido la pena.
Con eso me conformo, con que todo lo vivido a su lado este mereciendo la pena para las dos...
Hasta pronto, feliz Carnaval.

1 comentario:

Vicky dijo...

Tenemos que disfrutar con nuestros hijos su mundo y de esa manera sacar la niña que nosotras seguimos teniendo dentro, ¿no?. Intento involucrarme con mi hijo mayor ( ¡3,5 años!) en todos su descubrimientos, conversaciones, juegos y fiestas, plantamos incluso flores juntos y luego las regamos y las vemos brotar. Mi niña tiene todavía 7 meses, pero todo llega, y todo lo que queda por llegar. Nos hacen descubrir el mundo de los niños otra vez, ¿no crees?. Cariñitos.